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Mandarin Oriental Singapore

by Sanne

Mientras Poul estaba volando a Brisbane, yo me registraba en el Mandarín Oriental. No siempre me quedo en los mismos hoteles. Normalmente hago mis reservaciones a través de páginas web como hotels.com y no estoy inscrita en ningún programa de recompensas. Debido a este tipo de promiscuidad hotelera usualmente termino obteniendo la peor habitación con la peor vista. ¿Conseguir un ‘upgrade’? ¡Ja, olvídalo! Son para clientes leales que no se hospedan en cualquier lugar.

Por ello me sorprendió y me emocioné mucho al darme cuenta que mi habitación en el Mandarín Oriental estaba en un piso alto y tenía una vista fabulosa. Desde mi habitación se podía ver el ‘Singapore Flyer’ y el ‘Marina Bay Sands’, así que no cerré las cortinas ni un momento durante toda mi estadía.

No  soy una gran fanática de los desayunos tipo buffet (a menos que sea como el del Marriott Nai Yang, al cual le dediqué un artículo de blog completo) porque la vida es muy corta para huevos sancochados, huevos pasados por agua y jugo de naranja concentrado.

Por eso, reservé una habitación en el Mandarín Oriental sin desayuno, pero luego sentí curiosidad y bajé a dar un vistazo. El Melt Café, donde sirven el desayuno, no luce como el típico restaurante tipo buffet. La comida está muy bien presentada y hay mucho espacio entre las mesas, así que no te sientes como si estuvieras en el comedor de la escuela. También puedes escoger sentarte afuera justo al lado de lo que parece ser parte de un bosque tropical. ¡Mesa para uno, por favor!

La comida estaba deliciosa, el servicio fue excelente y comí tanto que los comensales de las mesas cercanas comenzaron a mirarme. Todo el personal me llamaba por mi nombre, lo que me pareció un bonito detalle.

El primer día tenía algunas cosas que hacer, por lo que no pude acercarme a la piscina hasta las 3 pm. Ya estaba lleno cuando yo llegué y no podía encontrar una tumbona vacía, así que pedí la ayuda de un miembro del personal. Todo lo que pudo ofrecerme fue un lugar en un rincón lejano, hombro a hombro con un caballero de edad que usaba un sombrero. Le explique que si eso era lo mejor que podía conseguirme preferiría venir otro día, y me fui. Al siguiente día fui directo a la piscina después del desayuno, esta vez el empleado, que me recordaba del día anterior, me recibió calurosamente. No le tomó más de 5 minutos instalarme en una cabaña justo al lado de la piscina.

Mi estadía en el Mandarín Oriental fue espectacular y estaba deslumbrada por el buen servicio, la hermosa habitación y la deliciosa comida. ¡Uno de los mejores hoteles en los que me he hospedado!