
Justo al lado de Meas Family Homestay y del taller de tejido se encuentra la escuela Hope for Happiness. A primera vista parece una escuela rural más de Camboya, pero detrás de sus sencillos edificios de madera hay mucho más que unas cuantas aulas. Aquí trabajan con un objetivo muy claro: ofrecer a niños y jóvenes oportunidades que, de otro modo, muchos de ellos nunca tendrían.
La escuela fue fundada hace casi 20 años por Siphen Meas, tía de Linda Meas, quien dirige Meas Family Homestay. Siphen vive actualmente en Estados Unidos, pero su corazón siempre ha permanecido en Camboya. Veía cómo muchos jóvenes, especialmente las niñas, abandonaban la escuela después del noveno grado porque no contaban ni con las oportunidades ni con el apoyo necesarios para continuar sus estudios. Por eso creó la escuela con un propósito muy claro: darles esperanza y abrirles nuevas oportunidades. De ahí nació el nombre Hope for Happiness.
Desde entonces, la escuela ha crecido junto con los demás proyectos de la comunidad, entre ellos el taller de tejido. Durante la pandemia de COVID-19, recibió el apoyo de Barbara y Pattie, de Canadá, a través de Banyan Organization, que también colabora estrechamente con la familia de Linda Meas. Gracias a esa ayuda, la escuela pudo ampliarse de forma considerable.
Hoy cuenta con más de 200 estudiantes, desde quinto hasta duodécimo grado. Las clases se imparten por la tarde, una vez que los alumnos terminan su jornada en la escuela pública. Tres profesores y una bibliotecaria están a cargo del programa, que va mucho más allá de las materias tradicionales. Los estudiantes también desarrollan habilidades en informática, comunicación, pensamiento crítico e inteligencia emocional. El objetivo es darles herramientas que les sirvan tanto para continuar sus estudios como para desenvolverse mejor en el futuro.
Visité la escuela una tarde de junio y, nada más llegar, me recibió un mar de sonrisas. Había actividad por todas partes. En las aulas, los estudiantes seguían las clases con mucha atención; la biblioteca estaba llena de vida y, durante el recreo, los niños jugaban con la pelota y corrían por el patio. El ambiente era cálido, relajado y lleno de energía.
Lo que más me impresionó fue la curiosidad y el entusiasmo de los estudiantes. Se notaba que estaban felices de estar allí y que querían aprovechar cada oportunidad para aprender. Enseguida comprendí que esta escuela es mucho más que un lugar donde se enseña a leer, escribir y hacer matemáticas. Es un espacio seguro donde niños y adolescentes aprenden a creer en sí mismos y a entender que ningún sueño está fuera de su alcance.
Junto con Weavers Project, la escuela también ofrece el programa de becas Pay It Forward, que financia una carrera universitaria completa para el estudiante seleccionado. Hasta ahora, tres jóvenes han obtenido sus títulos universitarios de licenciatura y maestría gracias a este programa. Para una comunidad pequeña como Prey Theat, eso puede marcar una enorme diferencia.
Fue imposible no dejarse contagiar por el ambiente tan positivo que se respiraba. Había una energía y un optimismo realmente inspiradores que siguieron acompañándome mucho tiempo después de la visita. Si los niños que conocí en Prey Theat representan a la próxima generación de Camboya, el futuro del país promete ser muy esperanzador.








