
New York tiene muchos días increíbles. El Opening Day en el Yankee Stadium. Los fuegos artificiales del 4 de julio. Una tarde perfecta de verano en Central Park. Pero si hay un día que quizá capture mejor que ningún otro el espíritu de la ciudad, es el domingo del Maratón de New York. Durante un día, New York vuelca toda su energía en completos desconocidos.
Cada año, más de 50,000 corredores recorren los cinco boroughs de la ciudad. Algunos persiguen récords mundiales o mejores marcas personales. Otros corren para recaudar fondos para una buena causa. Muchos simplemente quieren llegar a la meta. Cada corredor llega con una historia diferente y, durante un domingo, la ciudad pasa a formar parte de ella.
Mucho antes del disparo de salida, el día comienza en Fort Wadsworth, en Staten Island.
Antes del amanecer, decenas de miles de corredores se reúnen con café, bagels, sudaderas viejas y sonrisas nerviosas. De alguna manera, un ejército de voluntarios consigue que todo funcione. Responden preguntas, tranquilizan a los corredores nerviosos, indican a cada uno dónde está su corral de salida y logran que el equivalente a una pequeña ciudad llegue a la línea de salida a tiempo. Antes de que nadie haya recorrido la primera milla, ya han conseguido algo que parece un pequeño milagro.
Hace 25 años, yo era uno de esos corredores. Era una mañana fría y ventosa de noviembre, y aquel era mi primer maratón.
Una de las cosas que más me sorprendió fue lo despacio que empezó la carrera. Miles de nosotros avanzamos hacia el Verrazzano-Narrows Bridge, pero durante la primera milla o dos apenas se podía correr. Íbamos avanzando poco a poco mientras el grupo se dispersaba gradualmente.
Y entonces llega Fourth Avenue, en Brooklyn. La carrera se abre y la ciudad también.
Las aceras están abarrotadas. La música invade la calle. Familias, vecinos y completos desconocidos se inclinan sobre las vallas, hacen sonar cencerros y gritan palabras de ánimo. Después de un comienzo tan lento, Fourth Avenue se siente como una liberación. Encuentras tu ritmo y Brooklyn se asegura de que sepas que la ciudad está contigo.
Es uno de los mejores lugares para ver el maratón.
El siguiente gran momento llega bastante más tarde. Poco antes del Queensboro Bridge, los corredores pasan la marca de la media maratón. Al principio, 26.2 millas pueden parecer imposibles. Cuando llegas a las 13.1, la meta empieza a sentirse real.
Después toca subir el puente. Aparte del tramo inicial sobre el Verrazzano, es la subida más importante del recorrido. Encuentras tu ritmo, llegas a la parte más alta y empiezas a bajar hacia Manhattan. Ya has pasado la mitad del recorrido y el mayor obstáculo físico que todavía tenías por delante ahora ha quedado atrás.
Entonces giras hacia First Avenue. Los espectadores están hombro con hombro. Los gritos rebotan entre los edificios y se extienden hacia el norte durante cuadras y cuadras. Después del esfuerzo del puente, toda esa energía te golpea de repente. Puede que las piernas empiecen a cansarse, pero First Avenue te devuelve algo. Durante un rato, es casi como si la multitud te llevara tanto como tus propias piernas.
Para los espectadores, es difícil encontrar un lugar mejor.
Mi carrera cambió alrededor de la milla 20. Me detuve en un puesto de asistencia y le dije a una voluntaria: “Algo no está bien. Ya no me responden las piernas”. Me sentó, me puso gel en las piernas e inmediatamente me dijo que tenía hipotermia. No me dejó continuar hasta que me puse ropa abrigada que habían donado para situaciones como aquella.
Ya había ayudado a muchos corredores ese día. Para mí, ella fue la diferencia entre abandonar y terminar.
Caminé las últimas seis millas. Para cuando llegué a Central Park, cada paso requería un esfuerzo, pero el público me apoyó durante todo el camino. Parecía que animaban todavía más a los que íbamos caminando que a los corredores que aún avanzaban con facilidad. Cada grito hacía que el siguiente paso fuera un poco más fácil.
Cuando crucé la línea de meta, no estaba pensando en el reloj. Estaba feliz de haber llegado y orgulloso de no haberme rendido en mi primer maratón.
Veinticinco años después, todavía recuerdo a los voluntarios que nos llevaron hasta la salida antes del amanecer, a la mujer de la milla 20 que supo exactamente lo que necesitaba y a los desconocidos en Central Park que siguieron animándome para que avanzara.
Durante buena parte del año, New York hace honor a su fama de ciudad rápida e impaciente. El domingo del maratón muestra otra cara. Tiene algo del mismo espíritu que se vivió durante la reciente carrera de los Knicks hacia el campeonato, cuando de repente toda la ciudad parece conectada y completos desconocidos celebran juntos. El maratón crea esa sensación cuadra tras cuadra, borough tras borough.
No tienes que correr 26.2 millas para formar parte de todo esto. Compra un café y ve a Fourth Avenue en Brooklyn, a First Avenue en el Upper East Side o a Central Park cerca de la meta. Lee los nombres que los corredores llevan en la ropa y anímalos. Es una manera fantástica de vivir lo mejor del espíritu de New York.
¿Estás pensando en correr el Maratón de New York? En el sitio web oficial del TCS New York City Marathon encontrarás todo lo que necesitas saber, incluidas las diferentes formas de conseguir una plaza, información sobre el fin de semana de la carrera y recursos para preparar el maratón.
Consejos para ver el Maratón de New York
1. Elige un vecindario y quédate allí
Puede ser tentador intentar seguir a los corredores por toda la ciudad, pero los cierres de calles y el metro abarrotado hacen que sea mucho más complicado de lo que parece. Mejor elige un buen lugar para verlo y disfruta del ambiente.
2. Fourth Avenue en Brooklyn es uno de los mejores lugares para ver la carrera
A estas alturas, los corredores ya han encontrado su ritmo, el público está entregado y hay bastante más espacio que en Manhattan. Es uno de los tramos con más ambiente de todo el recorrido.
3. La energía de First Avenue es increíble
Cuando los corredores salen del Queensboro Bridge, los reciben filas y filas de espectadores y un estruendo de gritos de ánimo. Es uno de los lugares más emocionantes del recorrido, tanto para los corredores como para quienes están viendo la carrera.
4. Anima a los corredores por su nombre
Muchos llevan su nombre en el dorsal o en la camiseta. Escuchar a un completo desconocido gritar tu nombre después de 20 millas puede ser sorprendentemente emotivo y darte justo el empujón que necesitas.
5. Llega temprano
Los mejores lugares se llenan rápido, especialmente a lo largo de First Avenue y cerca de la meta en Central Park. Si quieres conseguir un sitio junto a las vallas, no esperes hasta que lleguen los corredores de élite.
6. Vístete pensando en el clima de noviembre
El domingo del maratón puede ser soleado y agradable, o frío y ventoso. Lleva zapatos cómodos y vístete en capas con ropa que te resulte cómoda para pasar varias horas de pie.
7. Prepárate para calles cerradas y metros llenos
Muchas calles permanecen cerradas durante buena parte del día y las estaciones de metro cercanas al recorrido pueden llenarse bastante. Calcula tiempo extra para moverte por la ciudad.
8. Compra un café y disfruta de toda la mañana
Una de las mejores partes del domingo del maratón es simplemente disfrutar del ambiente. Compra un café y un bagel, encuentra un buen sitio y disfruta viendo a miles de personas perseguir una meta extraordinaria.
9. La llegada a Central Park es emocionante aunque no conozcas a nadie que esté corriendo
A última hora de la tarde verás a corredores exhaustos buscando fuerzas para completar el tramo final. El público sabe todo lo que han tenido que superar para llegar hasta allí, y los ánimos se vuelven todavía más intensos a medida que se acercan a la meta.
10. No tienes que correr para sentir que formas parte del maratón
El domingo del maratón pertenece a toda la ciudad. Ya sea haciendo sonar un cencerro en Brooklyn o animando a los corredores en Central Park, no tardarás en encontrarte apoyando a completos desconocidos. Y eso es parte de lo que hace que este sea uno de los mejores días del año en New York.





